LA MIRADA MINIMALISTA

Bienvenido al único futuro que podemos conocer.

Vía Pexels

Que una parte de la vida es sueño, nadie lo niega.

Ahora, somos conscientes de que el devenir prometido también era una ilusión.

En 2021, a pesar del indudable impacto de la tecnología en nuestra vida, nada se parece a las ficciones con las que crecimos. Las autopistas todavía surcan el paisaje terrestre y el automatismo total, cada vez parece más lejano.

Por otra parte, el inicio del siglo pone de manifiesto la gran vulnerabilidad, que condiciona cada minuto de la existencia humana. Se trata de una condición que muchos creían ya olvidada, una cualidad demodé. Con el paso del tiempo, la perspicacia da paso a un incontrolable ego que vuelve ciego y sordo a todo un planeta. Nada podía alcanzarnos allí, en nuestra torre de marfil, muchas veces erigida sobre hombros semejantes.

B/ Jill Burrow

Pero es época de cambios, y eso hace que nos replanteemos no solo nuestra escala de valores, sino que también revoluciona todos los significados conocidos.

Algunos lo llaman hygge (lo acogedor), muchos otros hablan de ikigai (la existencia con un propósito), pero finalmente, todos coinciden en el minimalismo como tendencia que vertebrará nuestras conductas, comportamientos y aprendizajes de los próximos años. Un paradigma unánime nunca antes observado.

A menudo, cuando oímos el ya más que trillado término “minimal” lo primero que visualizamos son esos típicos espacios apenas amueblados, donde el blanco y los materiales naturales imponen su reinado revistiendo paredes, suelo y techo. Tal y como sucede en muchas otras ocasiones, hemos reducido el concepto a su expresión más banal y superflua, aplicándolo exclusivamente a un determinado estilo de decoración que ha saturado las páginas de Pinterest y Tumblr.

Si tenemos en cuenta que su origen data de los años 60, época en la que el arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe, incluyó entre sus postulados aquella tendencia artística que reduce al mínimo sus medios de expresión, el hecho de que en 2021 nos autodenominemos defensores acérrimos de este movimiento, no resulta revolucionario y mucho menos sorprendente.

Y es que, nos hallamos en un tiempo en el que asumimos como propia una amalgama de tendencias anteriores a nosotros, para (de nuevo) fingir originalidad.

B/ Jill Burrow

Obviamente no todo se iba a centrar en la decoración, sino que las actitudes minimal se abren paso con fuerza durante estos últimos meses. Los largos periodos que hemos pasado en casa, donde acudimos al hogar como refugio, contribuyen a afianzar dichas actitudes.

Hemos aprendido a priorizar, no solo aquello que deseamos o necesitamos, sino también a través de nuestras relaciones interpersonales. ¿Cuántas (supuestas) amistades han quedado rotas tras la cuarentena? ¿A día de hoy continúas usando todo aquello que considerabas imprescindible hace un año? ¿Estamos dispuestos a priorizar el autocuidado más allá del postureo y así derribar la barrera de las expectativas sociales?

Aprender. Aprender a vivir con menos, pero de manera más intensa. Basar nuestra existencia en valores tangibles como si no existiera lo digital. Aprovechar la experiencia virtual como si no conociéramos lo analógico.

B/ Anna Shvets

Esa y no otra es la realidad minimalista de nuestra época.

¿Y SI CAMBIAS TU MIRADA?



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